jueves, 17 de febrero de 2011

Manos invisibles

Muchos insectos volaban hacia las plantas verdes, brillantes; otras, hacia el cielo abierto; algunas perdían el vuelo y caían atontadas a los charcos de barro. Pero él, seguía tocando su guitarra, sentado sobre unas rocas esponjosas a la orilla del lago. Junto a él, dormían cansadas las hojas en forma de bote avejentado, enmarañado y crujiente, derrotadas de tanto transporte hormiguero.
De pronto, el celeste cielo comienza a moverse de un lado a otro, los vientos comienzan a levantar faldas, flores y árboles, todos bailando atolondrados al unísono, dentro del juguetón viento.
La guitarra perdía su sonido, y el hombre su comunicación y su represión, le hacía olvidar la libertad de poder expresar. Sus notas, volaban cada vez más, siendo conocidas por las robustas nubes y su canción sentimental se tornaba un tanto universal; pero, eso sería nada más, pues todas las otras mariposas se dormían en la violenta aspiración.
Fue así, como una tortuga da a conocer su identidad, que las manos invisibles, poderosas y ominpotentes, quitaron de los humildes sentimientos, la capacidad de seguir creciendo, llorando y corriendo.
A veces, pensó el hombre, se puede flotar en el lago, y otras, debes nadar junto al frío.

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